MARATÓN DE ESPADÁN 2005

Segorbe

(Castellón)

11 de diciembre de 2005

De repente sonó el despertador rompiendo el silencio de mi habitación y tuve que abrir los ojos, recuerdo que el reloj de la mesita marcaba las cinco y media de lo que iba a ser una fría mañana de de diciembre.

Como en todas las carreras importantes, la noche anterior me había dejado todo el equipo preparado en la bolsa, así ahora sólo tenía que vestirme y cumplir con el ritual del desayuno.

Después de despedirme de mi madre me monto en mi coche, las calles están desiertas, no en vano el termómetro marca dos grados positivos. Sólo un reducido grupo de aguerridos noctámbulos apuran las últimas horas de fiesta y me hacen recordar épocas pasadas mientras conduzco en las oscuridad de la noche.

Cuando amanece ya estoy en Segorbe, buscando un lugar donde aparcar. Ahora otro clásico ritual, recoger el dorsal, cambiarse, calentar, volver a cambiarse y buscar la línea de salida. Pero esta no es una carrera más. Va a ser, mi primera maratón de montaña y tenia claro que quería ganar, que lo iba a dar todo desde el primer metro para conseguir la victoria, como lo he hecho siempre en mi carrera deportiva y en la vida por que sólo así, cuando pasen los años y miremos hacia atrás podremos decir que fuimos honestos con nosotros mismos y con los demás.

Y eso hice, al sonar el disparo de salida, ponerme en cabeza del pelotón, con la intención de marcar un ritmo lo suficientemente fuerte como para hacer una primera selección.

Ya en el primer kilómetro, a la salida de Segorbe, el grupo de cabeza se había reducido a solo cinco elementos.

Pero fue en el tercer kilómetro, al empezar a estrecharse los senderos cuando decidí marcharme del grupo, en una maniobra casi suicida como se demostraría mas tarde, aunque en aquel instante creí que era una buena idea.

Y así, en solitario y en cabeza, como siempre me ha gustado correr, iban pasando los kilómetros entre bosques, pistas, vaguadas y senderos cubiertos por un manto blanco de roció congelado.

Pero todo era demasiado bonito para ser cierto, mi organismo en simbiosis con la naturaleza y el cosmos, casi había olvidado que estaba disputando una maratón, y en un instante creí haberlo perdido todo, cuando deje de ver las balizas rojas y blancas que indicaban el camino.

Vuelta a tras en busca de la ruta a toda velocidad, pues esta es una carrera que ni puedo, ni debo perder.

Sin llegar a perder el control por lo frustrante de la situación que me ha tocado vivir, me reincorporo al grupo de cabeza, pero estoy pasando los peores momentos, no puedo mantener su ritmo y me voy quedando atrás.

Cuando salgo del rió por el cual era imposible correr, voy en tercera posición y comienza la verdadera subida al pico Espadan.

Poco a poco y apretando los dientes, en la dura ascensión logro recuperar el terreno perdido y paso por la cumbre en segundo lugar, para lanzarme a un descenso casi suicida.

En el control de avituallamiento del kilómetro 25, el terreno se suaviza y ya sólo quedamos tres en el grupo de cabeza, para disputarnos la victoria.

Es el momento de hacer valer mi mayor punta de velocidad, y asestar un hachazo definitivo a la carrera.

Y así fue, cuando el sol empezó a calentar, aquella fría mañana de diciembre, yo corría otra vez en solitario, por las montañas, en busca de la victoria.
Pero esta vez no me iba ha perder.

Ahora podría aburriros contándoos lo duro y solitario que es preparar una maratón de montaña, y lo difícil que es ganarla pero no es el momento.

Cuando las cosas salen bien y la vida te sonríe es el momento de acordarse de toda esa gente que ha estado ahí, en los momentos difíciles, de mi familia, de mis amigos. Sin vuestro apoyo habría sido imposible llegar hasta aquí, por eso esta victoria no la quiero para mí, sino que es para todos vosotros.

Gracias por vuestro cariño y amistad.

PRENSA
Levante El Mercantil Valenciano 12 de diciembre de 2005
Levante El Mercantil Valenciano 15 de diciembre de 2005
L´informador de la Costera 17 de diciembre de 2005
CRÓNICA FOTOGRÁFICA