CERVINO MATTERHORN EN SOLITARIO ARISTA LION
¿Hemos vencido a un enemigo? A ninguno, excepto a nosotros mismos. ¿Hemos ganado un reino?
 No, y no obstante sí. Hemos logrado una satisfacción completa, hemos materializado un objetivo.
 Luchar y comprender, nunca el uno sin el otro, ésta es la ley. 
George Mallory

En un lugar, tengo que soportar estoicamente la chapuza y la injusticia de unos personajes infames.

En otro nivel, personas con cultura me invitan a que les escriba un artículo para su revista.

La vida puede arrojarte todo tipo de situaciones.

Lo que viene a ti no puedes decirlo, pero que haces con eso, ese es tu asunto.

Aquí es donde está tu fuerza, aquí es donde tienes que demostrar quien eres.

EL TEXTO DEL REPORTAJE ESTÁ TRADUCIDO AL CASTELLANO AL FINAL DE LA REVISTA

13 de agosto de 2019

"Bon dia, són les 6 del matí i estem eixint de Xàtiva, per davant 1.400 quilòmetres de carretera per a arribar als Alps."

Como hoy, con estas mismas palabras comenzaba hace doce años esta historia. Entonces tenía un reto. Quería escalar en solitario el Matterhorn (4.478 m) por la arista Hörnli. El Cervino (4.478 m) era un mito para mí y quería conquistarlo, quería contarlo en un vídeo.

Y lo hice, en aquel verano del 2007 cuando todo iba bien.

Quién iba a imaginar que un año después el mundo se caería a trozos y uno de ellos caería sobre mí.

En un mes, pasé de poner yeso en las paredes de las obras a "collir taronges" en las huertas. En una noche, pasé de soñar con volver al Aconcagua (6.962 m) y quitarme esa espina clavada a ponerme a subir todos los tresmiles del Pirineo.

Había que adaptarse a las nuevas circunstancias sin perder la ilusión. Y lo hice.

Mientras conduzco mi Clio del 99, por la mítica N-340 (no hay presupuesto para autopista), me pregunto: ¿Qué queda de aquel sueño?

Aún es pronto para saberlo, esto solo acaba de empezar.

Amposta, hora de almorzar, qué bien que estamos aquí, no sé que esta mejor si el "pa amb tomatet o les vistes del Delta de l'Ebre". Pero no hay que quedarse en ningún sitio, solo estamos de paso. Hemos venido a disfrutar experiencias buenas y a superar las malas, en eso consiste este juego.

"Si véns amb mi,
no demanis un camí planer,
ni estels d'argent,
ni un demà ple de promeses, sols
un poc de sort,
i que la vida ens doni un camí
ben llarg." (Lluís Llach)

Mi viejo compañero de aventuras, una vez más, cumple con su parte, y a las 6 de la tarde del 14 de agosto estamos en Breuil-Cervinia (2.006 m), Italia.

Hemos tardado más que la otra vez, cuando fuimos a Zermatt (1.608 m), Suiza, pero el viaje se me ha hecho más corto, será que en estos últimos doce años, he aprendido a disfrutar del camino.

Un bote de fabada, un trago a la bota de vino, el último capítulo de "La conquista del Cervino", y a dormir.

Ya ni pienso en lo que haré mañana. La vida es aquí y ahora, el pasado es memoria y el futuro imaginación, de qué sirve disfrutar o sufrir lo que no existe: esta es mi nueva filosofía. Námaste.

"Amanece que no es poco", pero qué bien se está dentro del saco de plumas. Me hago el desayuno sin salir del coche: Cola Cao calentito y galletas de dinosaurios, hay cosas que no cambian. Hacer la mochila, buscar un lugar donde poner la cámara, grabar.

Este será mi último vídeo, un buen lugar para despedirme. Llegué a tener un programa de televisión, pero eran otros tiempos. Hoy ya no busco eso, eso ya lo hice.

A las 10 de la mañana del 15 de agosto me pongo a caminar y siento que estoy comenzando algo nuevo. Llevo quince años compartiendo mis actividades deportivas en reportaje fotográficos y vídeos a través de mi Web y me lo he pasado de categoría haciéndolo, pero ha llegado el momento de cambiar de formato, de explorar otras sendas para contar mis historias y esto es un pequeño ensayo.

Después de dos horas de pista, llego al refugio Oriondé Duca Degli Abruzzi (2.802 m). En otra época hubiera maldecido ("¿Qué hace un hotel aquí?"). No entendía porque alguien quería tener las comodidades de la ciudad en la montaña si para mí se trata precisamente de todo lo contrario: huir de la civilización para vivir con lo que puedo cargar en mi mochila. Poder dormir donde quiera esta noche sigue siendo para mí una de las esencias de la montaña. Pero estos son mis paradigmas, cada persona tiene los suyos y todos son igual de respetables.

Las experiencias nos cambian, nos van puliendo, nos dan lecciones de vida. Y en ese aprendizaje perdemos cosas, pero también ganamos otras.

"¿Ha pensado alguna vez en auténticas libertades? ¿Ser libre de la opinión de otros? Incluso de la propia opinión." (Walter E. Kurtz)

Atrás dejo el refugio-hotel, por un camino bien marcado por el paso de los años y los montañeros que, desde 1865, quieren seguir los pasos de Jean-Antoine Carrel, el primer hombre que subió al Cervino (4.478m) por la arista Lion, tan solo unos días después que Edward Whymper y su equipo fueran los primeros hombres que pisaron la cumbre del Matterhorn (4.478m) subiendo por la arista Hörnli. Pero, desgraciadamente, en el descenso cuatro miembros de aquel equipo resbalaron y se quedaron para siempre en las laderas de esta montaña.

Y aunque Whymper no tuvo la culpa, cargó con el peso de aquel trágico accidente y aquello le marcó, como cuenta en su libro La conquista del Cervino: "Hay alegrías demasiado grandes para ser descritas con palabras, pero hay también dolores sobre los que no oso extenderme."

La vida puede arrojarnos todo tipo de Cervinos, podemos escalarlos y volvernos sabios, o no escalarlos y quedarnos heridos. No hace falta ser muy listo para elegir la primera opción.

Sigo ganando altura, por un sendero sin dificultades, mientras me cruzo con los primeros montañeros que bajan de la cumbre. Hablan idiomas que no entiendo pero en sus ojos se pueden leer las palabras del gran alpinista francés Gaston Rébuffat: "Allá donde las casas, y después los árboles y, a continuación, la hierba desaparecen, nace un reino estéril, salvaje y mineral; sin embargo, en su pobreza extrema, en su desnudez total, ofrece una riqueza que no tiene precio: la felicidad que se descubre en los ojos de los que lo frecuentan."

Son las 3 de la tarde y acabo de encontrar un buen vivac entre pedreras y neveros. Estoy a 3.450 metros de altura, más arriba parece no haber nada mejor para pasar la noche y, aunque estoy a una hora del refugio Carrel (3.835 m), prefiero quedarme aquí disfrutando de las vistas del macizo del Monte Rosa.

Cada uno vive la montaña a su manera, unos con amigos, otros con un guía, algunos vamos solos. Cada uno sube el Cervino (4.478m) a su manera, unos van despacio asegurando cada paso y otros vamos un poco más rápido, sin utilizar la cuerda para asegurarnos.

El estilo es una decisión personal y tiene el valor que quieras darle tú. Cada uno hace lo que puede o lo que quiere, lo verdaderamente importante es la aventura vivida dentro de ti o, como dijo el primer hombre que subió un 8.000: “No es más quién más alto llega, sino aquel que, influido por la belleza que le envuelve, más intensamente siente." (Maurice Herzog)

Cuando vine aquí por primera vez no pensaba así, pero con el paso de los años la vida me ha enseñado a valorar y a apreciar más una puesta de sol, una lata de sardinas, los mensajes de apoyo de las personas que me quieren y a las que quiero, que la cumbre. Esos instantes, esas cosas y esas personas son las que ahora me hacen sentir feliz, esté donde esté y esté como esté.

Por eso, esta vez no he venido a conquistar el Matterhorn (4.478 m), eso ya lo hice.

Estoy aquí acurrucado en mi saco de dormir, bajo la misma montaña, mirando las mismas estrellas, en busca de mi Ítaca particular.

Y desde mi vivac lo veo claro.

Ahora sé qué queda de aquel sueño. El Aconcagua (6.962 m) al que algún día volveré no es una montaña, es un camino que tengo que recorrer.

Y ahora sé que mañana, cuando llegue a la cumbre, como en todas las cumbres, no encontraré nada.

Mi sueño es el camino y todo lo que viviré y aprenderé está en él.

Por eso, cuando me pongo a trepar en solitario a las 3 de la madrugada por la arista Lion, no me siento solo: la alegría y la paz interior me acompañan. Encontré el Cervino que buscaba. Mi Ítaca no es un lugar en el mapa, es la ilusión por seguir soñando, por seguir caminando.

Pero sin prisas, la noche es mágica, la luna llena y la luz de las linternas frontales de los montañeros que han comenzado la ascensión desde el refugio Carrel (3.835 m) iluminan la montaña.

Miro hacia arriba y la ruta parece una procesión nocturna, en la que todos queremos llegar a un altar en el que nos espera una cruz, símbolo del final, pero también del principio.

Como Sísifo, parece que estamos condenados a seguir subiendo montañas. Pero no es una condena, es una pasión, y si estás dispuesto a arder en ella, cada piedra del camino solo será un reto, cada montaña una nueva ilusión. Este es mi mito, esto es lo que me llevo de aquí.

Y aunque el frío del amanecer pone a prueba mi pasión por las montañas, ya no hay dudas ni miedos, porque el objetivo y el resultado ya no me importan: me he convertido en un devoto del proceso, que es donde está la autentica experiencia de vida.

Al llegar al pico Tyndall (4.241 m) casi no puedo hablar, se me han congelando los labios, pero quiero contar a la cámara lo que estoy sintiendo. "A vore si entrem en calor amb el solet, mare meua quin fred hem passat!".

Por delante un tramo de cresta aérea pero fácil. El día es fantástico. Si no muevo mucho la cabeza al trepar, saldrán unas buenas imágenes para el vídeo. Al ir en solitario no he asegurado ningún paso y sin darme cuenta he adelantado a casi todas las cordadas.

Ahora solo me queda escalar unas placas de III+ en roca descompuesta, subir por la Scala Jordan y agarrarme a la última maroma.

Las manos y los brazos ya no tienen la misma fuerza que hace unas horas y la altitud se nota en alguien que vive a 115 metros sobre el nivel del mar. Pero estos son los mejores momentos, los que me gusta vivir, los que me hacen recordar lo que aprendí en la COE: "Ni la montaña con su grandeza, ni el mar con su majestuosidad, ni el bosque con su misterio y belleza, empequeñecerán el alma del Guerrillero".

Mientras, suena de fondo Knockin' on Heaven's Door o Estadio Azteca.

"Són les 8.50 del matí del 16 d'agost de 2019, estem en el cim del Cervino (4.478 m). Aquesta activitat està dedicada a totes les persones que confien en mi, a la meua família, a Amparo, als meus amics de veritat. Gràcies a tots i me'n vaig cap a baix. Adéu!"